Las claves de un buen liderazgo de equipos

Escrito en Motivación en la oficina el por .

liderazgo de equipos

Hay que empezar diciendo que no es lo mismo ser jefe que ser un líder. El líder es alguien a quien un grupo de personas sigue, mientras que el jefe suele ser una figura más autoritaria, un “superior” al que se suele temer y obedecer.

Si bien es cierto que el jefe debe luchar por conseguir su tan alto puesto, el líder suele lograr serlo de forma espontánea y natural, debido normalmente primero a su don de gentes, luego a sus ideas claras, y por último a su actitud de guía o “cabecilla”.

El líder, a diferencia del jefe, tiene como papel fundamental motivar a las personas que trabajan en su equipo, con el fin de sacarle un mejor provecho para el resultado del trabajo, y para la vida personal del empleado.

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Sin embargo, el liderazgo no sólo está en las empresas, también en nuestro día a día, en nuestros grupos de amigos o en nuestro ambiente familiar, ya que si nos fijamos, siempre hay alguien que lleva la voz cantante, y a la que el resto (por lo general) sigue. Pues como hemos dicho antes, el liderazgo muchas veces es algo que surge de forma natural, sin ser buscado, ya sea por las circunstancias del momento, o por la actitud tanto del líder (de dominante) como de los demás (seguidores).

Sea como sea, la importancia real del papel del líder es crear un orden en medio del caos, y saber orientar a todos para que cada uno sepa qué debe de hacer y cómo hacerlo lo mejor posible, para conseguir así una armonía y un excelente trabajo en equipo.

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Hay que destacar que la diferencia entre un buen y un mal líder radica principalmente en su relación con los empleados. Un líder cercano podrá crear confiabilidad para con sus trabajadores, lo cual hará que estos estén más abiertos a él y le busquen para cualquier inconveniente, lo que facilitaría mucho un trabajo exitoso y armónico.

El buen líder, aún teniendo poder, sabe cómo utilizarlo, y lo utiliza bien. Esto es muy importante, porque el buen líder no se corrompe con su posición, no usa su poder para su diversión personal o para abusar de sus empleados. El buen líder es honesto, y sabe utilizar su posición con dos dedos de frente, según lo que las circunstancias requieran.

La comunicación es otra de las cuestiones imprescindibles para que el liderazgo sea un éxito. Si un líder no sabe comunicar bien sus objetivos, de poco servirá su amabilidad o cercanía; sus trabajadores deben saber en todo momento qué deben hacer, cómo deben hacerlo, y en último término, con qué fin.

Por último, un gran líder debe saber encontrar los puntos débiles y los fuertes de cada uno, y saber cómo utilizarlos para compensar la balanza y llevar al equipo hacia el éxito laboral o profesional.

No obstante, esto no significa que un jefe no pueda ser también un líder, o que un líder no adopte la actitud autoritaria con la que se le suele asociar a un jefe. La línea que los distingue a veces es muy fina, y otras se rompe.

 

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